Como os contaba, nos montamos en el tren a eso de las cuatro de la tarde en Jaisalmer, para llegar a Delhi sobre las once de la mañana. Tras algunos apuros y acabar con dos billetes cada uno, conseguimos plaza en un tren nocturno a Varanasi. En India puedes conseguir plaza en cualquier tren siempre que estés dispuesto a pagar “comissions”. Fuimos primero por la via oficial, donde nos dijeron que solo había una plaza en el tren que queríamos, y además, era en clase Sleeper, sin aire acondicionado. Después del tren del desierto no nos quedaron ganas de volverlo a probar pero si esa era la única manera de llegar al día siguiente a Varanasi estabamos dispuestos. Así que yo me quedé haciendo la cola para comprar ese billete, y Gorka se fue al hall de la estación a ver si conseguía el otro, o mejor aún, a ver si conseguía dos en clase con AC. Finalmente yo consegui dos plazas en el vagón sin aire, y Gorka, pagando 1000 rupias de comision, había conseguido otros dos en 3AC (tercera con aire). No pudimos devolver, ni revender, ni incluso regalar las dos plazas que nos sobraban, así que nos fuimos como dos señores con aire. Llegamos a Varanasi sobre las 7 de la mañana (en 48 horas llevabamos unas 42 en un tren!). Todo hay que decir que los trenes, de 3AC para arriba están muy bien. Más o menos limpios, sábanas y almohadas limpias, camas cómodas e incluso con servicio de catering (todo picante, eso si).
Varanasi es una ciudad especial. Recibe miles de turistas, pero es tan auténtica y significa tanto para los hindús que absorbe totalmente la presión turística. Los rituales no están montados para que los vean los turistas. Los hindús siguen con sus rituales, sus baños, sus cremaciones, sus ofrecimientos a los dioses casi siempre ignorándonos. También me pareció que no se nos acosaba tanto con las compras, que podías ir más a tu aire que en Rajhastan por ejemplo.
Nos cogimos una habitación en un hotel más o menos bueno (por ella pagábamos más del doble de lo que habíamos pagado en cualquier otro sitio de India), así que entre el buen karma de la ciudad, y hotel de calidad para variar, pasamos cuatro días encantados en Varanasi.
Estuvimos en el ritual más vistoso que se celebra en el main ghat (quizás ahí sí, demasiado preparado y demasiados turistas).
Un ghat son las típicas escaleras que bajan hacia el rio (en este caso el Ganges) donde los indios se bañan, hacen sus necesidades, se purifican, beben su agua sagrada hacen sus rituales y queman a sus muertos. No todos los ghats son crematorios, en Varanasi solo hay dos, el más importante, Makarnika, y otro más pequeñito.

Otro día contratamos una barca poco después del amanecer para que nos llevara rio abajo al crematorio principal. Nos contaron que allí queman cada día unos 400 cuerpos. Cuando llegamos, lo estaban limpiando, y en otra parte acababan de llevar un cuerpo envuelto sobre una camilla. Vimos todo el proceso, desde que amontonan la leña (pagada por la familia a 150 rupias/2.5€ el kilo, unos 300 kilos para quemar un cuerpo), hacen el ritual, prenden la hoguera y empieza a quemarse el cuerpo. En este caso, parecía un chico joven, y el padre estaba destrozado, desmayándose y llorando sin parar, la madre no estaba, no dejan entrar mujeres porque suelen llorar más y dicen que los llantos no permiten que se purifique el alma. Se la oía llorar de todas formas. La sensación de estar de espectadores viendo todo aquello nos resultó un poco incómoda.
No queman ni a los niños menores de 7 años, ni a embarazadas, ni a santones (su alma aun es pura). Tampoco queman a los leprosos porque tienen mal karma. A todos estos los tiran directamente al Ganges, que es la madre de todos y todo lo perdona y lo purifica. Por último, no incineran a muertos por mordedura de cobra, porque para ellos, están en un estado de inconsciencia que no es la muerte y necesitan un cierto ritual para eliminar el veneno antes de considerar que están muertos y poderlos quemar. Sus familiares van al bosque a buscar a los santones que pueden celebrar ese ritual y si no lo encuentran, o no lo pueden pagar, dejan el cuerpo con una nota en una barquita rio abajo, para que lo encuentren las tribus que viven en los bosques, que los sacan del rio y les hacen el ritual para eliminar el veneno y los incineran.
Sorprende la cotidianeidad de la gente que había por allí, especialmente la de los trabajadores del crematorio, que secaban sus camiestas en la hoguera del muerto delante de los familiares. El que manejaba la hoguera, movía la leña y empujaba con un palo el cuerpo para que se quemara, haciendo que las partes ya quemadas se desprendieran e incluso que se cayeran de la hoguera. No esperamos más y nos fuimos cuando el cuerpo se había quemado desde los pies a la cadera.
Otra tarde la pasamos en el Assi Ghat, donde teníamos el hotel, el primer (o último) ghat a lo largo del rio. Es el mas tranquilo de todos los que vimos, también había una ceremonia parecida a la del main ghat pero a pequeña escala, más auténtica.
El resto de los días dimos vueltas por la ciudad, hicimos compras y descansamos. Por la calles de Varanasi nos encontramos a David, un antiguo compañero mio de DMR y a Fran (http://franyrosaenindiaynepal.blogspot.com), un compañero de trabajo de Gorka que sabíamos que andaba por India, pero no que estaba en Varanasi!! ¡Si es que el mundo es un pañuelo!!
Nuestro principal medio de transporte eran los ciclo-rickshaws. Como sudan la camiseta estos hombres por unas pocas rupias.
Son mucho más baratos que los moto-rickshaws, la gasolina cuesta mucho más que el sudor de estos ciclistas. No se entiende como no hay ciclistas indios ganando tours y vueltas ciclistas. Con ellos negociábamos como con cualquiera el precio por el trayecto, para luego dejarles una propina generosa por el durísimo trabajo que realizan. Uno de ellos, Raju, todo un personaje que llevaba consigo un cuaderno repleto de dedicatorias de otros turistas, nos acompañó la última mañana a visitar algunos sitios de la ciudad, el centro de la madre teresa, a hacer las últimas compras y como uno, a una tienda de seda, como no, prometiéndole al despedirnos que le mandaríamos algunas fotos. ¡A ver si cumplo!










